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La transición desde la caída del Muro de Berlín configura la crisis actual y la recuperación

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CIUDAD DE WASHINGTON, 3 de noviembre de 2009. Las políticas económicas por las que optaron algunos países de Europa y Asia central* durante la transición de una economía de planificación centralizada a una de mercado contenían el germen de vulnerabilidad que se pondría de manifiesto ante la crisis económica mundial, y es probable que también condicionen la recuperación, según se indica en un nuevo informe del Banco Mundial publicado en la víspera del 20.o aniversario de la caída del Muro de Berlín.

En el informe, titulado Turmoil at Twenty: Recession, Recovery, and Reform in Central and Eastern Europe and the former Soviet Union (Conmoción a los 20 años: Recesión, recuperación y reforma en Europa central y oriental y en la ex Unión Soviética), se sostiene que muchos países de la región están actualmente bien integrados en los mercados internacionales. Si bien esta integración produjo numerosos beneficios e impulsó el espectacular crecimiento de la región en el decenio posterior a la crisis financiera rusa de 1998, también expuso a estos países a tres vías a través de las cuales han sufrido fuertemente el impacto de la crisis: el sistema financiero, el mercado y la fuerza laboral.

La carrera excesivamente acelerada por alcanzar los niveles de vida de Europa occidental a la que se lanzaron países que habían sufrido recesiones profundas o dobles durante la transición a fines de la década de 1990, y que fue posibilitada por préstamos bancarios en un momento de liquidez inusualmente elevada en el ámbito internacional, generó un rápido crecimiento, pero también creó serios desequilibrios macroeconómicos que afloraron ante la crisis mundial de 2008-09. Los vencimientos de deuda de corto plazo alcanzaron valores muy elevados. No obstante, no todos los países de la región integrados a los mercados financieros presentaban el mismo grado de vulnerabilidad. Su experiencia sugiere que la aplicación de políticas fiscales más estrictas, si bien no necesariamente habría aislado a los países de la crisis, podría haber desempeñado una función estabilizadora, aun cuando los desequilibrios por lo general no se originaron en el sector público.

En el informe se indica que las medidas colectivas en el plano internacional —que comprenden un generoso financiamiento público y la coordinación entre las casas matrices de los bancos de Europa Occidental para mantener sus operaciones en la región central y oriental del continente— han permitido refinanciar los vencimientos de deuda externa, al menos hasta el momento. Esas casas matrices fueron un elemento clave en el endurecimiento de las restricciones presupuestarias y en el logro de la estabilidad macroeconómica durante el primer decenio de la transición.

“La perspectiva para el crecimiento económico en los países emergentes de Europa y Asia central es considerablemente menos favorable que en los años previos a la crisis”, dijo Pradeep Mitra, uno de los autores del informe y ex economista en jefe del Banco Mundial para la región de Europa y Asia central. “Si las casas centrales de los bancos reducen sus operaciones en los países de la región debido a las pérdidas en sus mercados de origen, será necesario continuar adoptando medidas colectivas para que este proceso sea gradual y genere menos perturbaciones”.
Según el informe, las perspectivas de crecimiento poco favorables ponen de relieve la urgencia con que se debe avanzar en la reestructuración de la deuda de bancos, empresas y hogares. Los Gobiernos deberían establecer marcos propicios para dicha reestructuración, pero evitando emplear recursos públicos, puesto que la deuda de los hogares por lo general no se concentra en las familias más pobres.

Los países más pobres de la ex Unión Soviética que están menos integrados desde el punto de vista financiero sufren la crisis principalmente como resultado de la disminución en las exportaciones y la caída en las remesas de los trabajadores por la recesión en la Federación de Rusia. De este modo, se estima que en Tayikistán, el país más pobre de la región, una merma del 30% en las remesas provocaría una reducción de cerca del 20% en el consumo de los hogares que ocupan el quintil más bajo. Si bien algunas naciones cuentan con iniciativas de protección social que dirigen una parte significativa de sus beneficios a los hogares más pobres, se necesitan más recursos para ampliar estos programas allí donde existen y para crear programas específicos en donde no los hay. Se requerirá financiamiento público durante varios años para costear el nivel deseable de gasto social hasta que se establezca una recuperación duradera.

Puesto que es probable que los flujos de capital sean considerablemente más bajos que antes de la crisis y dado que los mercados financieros ya hacen diferencias entre los distintos países, en el informe se recomienda a los encargados de formular políticas que aborden las limitaciones que ponen mayores trabas al crecimiento a fin de mejorar el clima para los negocios y preservar la competitividad.

“Es notable que las encuestas a empresas muestran que la infraestructura y la aptitud técnica de la fuerza de trabajo —anteriormente las ventajas más importantes de los países en transición— no son solo los principales cuellos de botella para el funcionamiento y la expansión de las empresas, sino que constituyen obstáculos mayores que en las economías de niveles de ingreso similares que no se encuentran en transición. Estos sectores requieren reformas urgentes”, dijo Mitra. “Sin embargo, las encuestas también reflejan avances significativos luego de dos décadas de transición en la construcción de instituciones de la economía de mercado. Por ejemplo, las normas de administración tributaria y aduanera que tradicionalmente han sido calificadas como un importante obstáculo al funcionamiento y la expansión de las empresas, ya no son consideradas un impedimento tan significativo. Esto se corresponde con lo observado en economías con niveles de ingreso similares y que no están en transición”.

* La región está formada por Albania, Armenia, Azerbaiyán, Belarús, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Eslovenia, Estonia, ex República Yugoslava de Macedonia, Federación de Rusia, Georgia, Hungría, Kazajstán, Kosovo, Letonia, Lituania, Moldova, Montenegro, Polonia, República Checa, República Eslovaca, República Kirguisa, Rumania, Serbia, Tayikistán, Turquía, Turkmenistán, Ucrania y Uzbekistán.




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